sábado, 21 de abril de 2012

De Juan, y lo que nunca voy a decirle...

Estoy viviendo dos vidas, por un lado, la real, la que elegí, la de la familia que formé, por otro, la paralela, la que me abstrae de esa realidad constantemente, una vida mayormente imaginaria que no elegí, pero que me hace feliz, me libera, me da energía, me da ganas de todo. Una vida que te incluye, exclusivamente. Mantengo charlas con vos, te pregunto y me contesto, te escucho y te respondo, me escuchás y sonreís, cada uno de esos instantes falsos son recreados en mi mente, en todo momento, no importa lo que esté haciendo o a quién tenga al lado, te llevo conmigo, no nos separamos, invisiblemente estás siempre a mi lado.Y aunque sé muy bien de la imposibilidad de otra clase de vida, sueño, despierta, dormida, y soy feliz, por un rato, minutos, a veces horas.
También tengo ratos infelices, muchos, cada vez más frecuentes, inevitables, siento un gran vacío, un vacío enorme, que no se llena con nada. La seguridad de saber que nada va a cambiar me mata, que nada va a mejorar, que cada vez todo va a ser un poco peor. Nada es confuso, todo es muy claro, y por primera vez tanta claridad me dá odio.
El remedio terminó siendo peor que la enfermedad. No reniego, no me arrepiento, no esperaba algo distinto, no hay desilusión. Al contrario.
Pero aún sabiendo todo, espero. Espero más de vos, y sé muy bien que no puedo pedírtelo.
Hay tantas cosas que no quiero. No quiero una vida juntos, no quiero desarmar nada de todo lo perfectamente armado que tengo a mi alrededor. No quiero que desarmes nada de todo lo perfectamente armado que tenés a tu alrededor. Pero a la vez quiero ser parte de tu vida. Quiero que me necesites, tanto como yo te necesito. No quiero ser ignorada, no quiero ser solamente “tu descarga a tierra”, quiero ser eso y mucho más. No quiero ser tu esposa, pero quiero ser todo en tu vida.

Recuerdo la primera vez que escuché la canción “Contigo” de Joaquin Sabina. Estaba en el auto con Mario, en los inicios de nuestro noviazgo, hace más de una década, cuándo todo era extremadamente rosa. Cómo puede ser que alguien esté bien con una persona y no quiera una vida en común?, pensé con mis veinte ingenuos años, yo estoy tan bien y soy tan feliz con vos, Mario, que lo único que quiero en un futuro es una casa, hijos, toda una vida juntos… no entiendo que quiere decir Sabina, por qué si tanto la ama no quiere “juntar para mañana, o un cumpleaños feliz”… Y cambié de canción, no me acuerdo cuál elegí en ese entonces, pero seguramente alguna que reflejara el idílico momento que estaba viviendo.
Hace unos días volví a escuchar ese tema, ya con muchos años más, y una vida muy diferente a la de entonces, y sentí que había sido escrita por y para mi. Es eso lo que quiero, nada más, ni nada menos. Yo no quiero contigo ni sin ti, Juan. Ya tengo mis domingos por la tarde, y alguien a quién elegirle su champú, ya sembré todo un campo, pero evidentemente no tanto como yo quería, o no supe hacerlo bien, porque la cosecha no me está haciendo feliz.
Quiero más Juan, quiero que dos horas conmigo no te alcancen, quiero que no me dejes ir, y principalmente, que te mueras por volver. Necesito escucharte decir que te morís por mi, necesito sentirlo. Eso, sólo eso.
Paradójicamente, sos el caos que le puso orden a mi vida, Juan, deberías hacerte cargo.