Y si algo le faltaba a mi vida, y a toda esta historia que entremezcla maridos y amantes era un ... tercero? Y llegó Ramiro.
Ramiro es un colega en mi profesión. Nos conocemos poco y nada, sin embargo, hoy le estoy dedicando un espacio en este blog.
La realidad es que desde hace un tiempo a esta parte, se ha convertido en la persona con quién más hablo durante todo el día. Ya sea por teléfono o textos, pasan las horas y no dejamos de estar pendientes el uno del otro en ningún momento. En nuestras charlas abundan los "donde estás", "que estás haciendo", "como te fue", "necesitas algo", y el envío de fotos de nuestros actos cotidianos de cada día se volvió incesante, asi, de pronto, puedo ver con mis propios ojos como a las 7 de la tarde juega con sus hijas, o bien, saber que desayuna al comenzar el día. De igual forma, él puede comprobar cómo nos divertimos con mi hija en un pelotero, o la cantidad de papeles que tengo para archivar en la oficina. Todo, cada detalle, queda retratado y es enviado a nuestros celulares, cómo una forma de hacer partícipe al otro de nuestra rutina diaria.
También me acostumbró a esperar un "buenos días princesa" vía mensaje de texto todas las mañanas, al punto tal que he llegado a fastidiarme si un día no lo hace.
No puedo explicar con palabras que es esto que se está gestando. Ramiro es casado, por supuesto, con dos hijas maravillosas y una mujer que a juzgar por las fotos en su facebook, es simplemente hermosa, dulce y compañera. Asi que francamente, no se que está haciendo conmigo. Y no lo digo por considerarme menos hermosa que ella, sino porque a simple vista parecen una pareja perfecta.
Supongo que, y en mi afán de analizarlo todo infinidad de veces, Ramiro es uno más de los tantos esposos aburridos en su matrimonio, que busca afuera de casa la emoción y la adrenalina que su vida perdió hace tiempo. Porque sinceramente, me resulta sorprendente cómo puede estar tan pendiente de mi los 7 días de la semana, las 24 horas de cada día.
Y es aquí donde empiezan las odiosas comparaciones. Y es aquí donde me pregunto constantemente: por que a lo largo de todo este año no pude lograr que aunque sea la cuarta parte de toda esa atención hacia mi provenga de Juan? Por qué a Juan no le interesa saber de mis actividades cotidianas, por qué Juan no se enternece con una foto de mi hija enseñándome sus juegos, por qué Juan no está pendiente de mis estados de ánimo ni me llama para saber cómo fue mi día? Porque asi debe ser, supongo. Porque estoy completamente segura que de haber encontrado todo eso en Juan, no hubiera dudado un segundo en destruir mi matrimonio y correr a sus brazos para siempre, contra todos y sin importarme nada. Y bien sabemos que eso no puede pasar, que yo tengo una hija que proteger, cuya feliz infancia no debe verse alterada por mis deseos egoístas y sin fundamentos, y tengo un compromiso que cumplir, un "hasta que la muerte los separe" que respetar, y un marido que cuidar y querer hasta el último día de mi vida, porque, al fin de cuentas, asi lo elegí. Y no hay vuelta atrás, menos aún, cuándo él es tan bueno conmigo y tan excelente padre para nuestra niña.
Cómo sea, si de algo sirve la aparición de Ramiro en mi vida, es para darme cuenta finalmente de aquello que hace tanto tiempo veía y me costaba reconocer: mi significado en la vida de Juan. A ver si se entiende, en base a todo lo que Ramiro me brinda pude observar todo lo que Juan me mezquina, o bien no está dispuesto a hacer por mi, ya sea porque no le nace hacerlo, o simplemente porque no le interesa.
Para Juan soy la mujer que lo hace disfrutar como nadie en la cama durante dos horas cada veinte días, o a veces más. Soy, cómo él siempre dice, la amante perfecta. Y está bien, está perfectamente bien, si él a mi me genera exactamente lo mismo. Sucede que ahora quiero más, que ya no me alcanza, que ya me fastidia que últimamente mi único contacto con Juan sea para arreglar nuestro encuentro, vernos, pasarla bien, y luego si te he visto, no me acuerdo.
La verdad es que no se si sigo queriendo a Juan en mi vida, amo y necesito mis momentos con él, pero el vacío que estoy empezando a sentir cuándo nos despedimos, no se está llenando fácilmente. Tal vez la etapa de Juan a mi lado esté llegando a su fin, tal vez sólo se trató de tenerlo por un rato, hasta que yo lograra salir del pozo en el que me encontraba sumergida, y ahora que gracias a su reaparición en mi vida, pude hacerlo, debo soltarlo y seguir sola. No lo sé. Realmente no se que hacer. No voy a volver a explicar lo maravillosamente bien que la paso con Juan, ni el espectacular sexo que tenemos y cuánto nos disfrutamos. Pero si hoy siento que esto ya no es suficiente, no está mal que me replantee su continuidad, aún corriendo el riesgo de no volver a vivir momentos así nunca más en mi vida.
Por otro lado, Ramiro no me genera mucho, o mejor dicho, no me genera nada. Y la verdad que mi matrimonio con Mario está pasando un buen momento, asi que tampoco tengo ganas ni necesidad de volcarme nuevamente a los brazos de otro hombre.
Como sea, creo que estoy viviendo una etapa de gataflorismo a la enésima potencia, reforzada por un amante que me coge como los dioses pero que no me presta atención, un fulano que vive pendiente de mi, aunque no me haya tocado ni un pelo, y un marido que aparentemente recordó sus habilidades amatorias y de a poco y con paciencia, las está poniendo en práctica... En fin...
Nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma.
martes, 6 de noviembre de 2012
sábado, 20 de octubre de 2012
Que los cumplas feliz....
Y este blog cumplió un año...
Trescientos sesenta y cinco días pasaron desde aquella noche en que, llorando y sumida en una angustia que creía irreversible, decidí sincerarme conmigo misma y considerar lo que desde hacía varios meses me venía negando, ser infiel.
Doce meses transcurrieron desde aquél jueves 13 de octubre en que la puerta de mi estudio se abrió y apareció el hombre que volvería a hacerme sentir hermosa, deseada, única. El hombre que me recordaría que con mis 32 años, seguía siendo una mujer capaz de provocar orgasmos. Juan, volvió Juan. Esta vez para quedarse (al menos aún sigue aqui), esta vez para cobrarse todas y cada una de nuestras deudas pendientes.
Y empecé a transitar un camino desconocido, un camino que realmente jamás pensé que transitaría. Me volví plena y conscientemente infiel y no hay un día que no me agradezca a mi misma, haberme animado a hacerlo. Porque volví a nacer, volví a la vida. Y si alguien pretende juzgarme no me importa, yo SOY FELIZ. Ya no mendigo sexo, ya no lloro desconsoladamente ante la indiferencia de un marido adormecido, ahora tengo un hombre que me coge, y dios mio, lo bueno que es. Ahora tengo la vida sexual que siempre soñé, sin tabúes, ni complejos, libre, plena, intensa, espectacular.
Ahora puedo decirle a mi amante que sí, que me encantaría jugar con algún sex toy, sabiendo que inmediatamente va a salir a conseguirlo para mi. Que puedo comprarme la mejor lencería sabiendo que alguien la va a disfrutar, que alguien va a excitarse al recordarme dentro de ella.
Voy por un camino sin retorno, al que no le falta nada, y le sobran ganas, deseos y pasión, en el que no existe la palabra pudor y en el que hasta hoy puedo asegurar, tampoco existe el NO como respuesta. Todo es válido entre los dos. Todo es hermoso, completamente hermoso.
Un año desde la primera vez que me desnudé en cuerpo y alma para él. Y aunque al principio todo fue confuso y el caos se hizo presente en mi vida, perfecta y totalmente organizada, donde sólo había lugar para ciertos estereotipos "serás esposa, madre, hija", de a poco, y muy lentamente, todo fue encausándose, y entendí que en la vida no todo es blanco o negro, que existen los matices, y que también están buenos, si uno sabe adaptarse a ellos y principalmente disfrutarlos.
Por eso hoy que me siento más hermosa que nunca, miro hacia atrás y siento una pena muy profunda al recordarme llorando e ignorada. Soy consciente que las cosas deberían haber sido distintas, que lo más lógico sería haber encontrado en Mario el motivo de esta felicidad, pero no fue asi, y sabe dios que lo intenté, y mucho. Asi que hoy ratifico una vez más mi desición, si fue o no la correcta dependerá de la visión de cada una de las personas que hoy esté leyendo esta historia. A mi vida le devolvió la alegría, y despertó a la mujer que hace tiempo yacía en mi, olvidada y completamente sola. Entonces que venga alguien ahora a decirme si ese no es un motivo más que suficiente. Lo es, por supuesto que lo es. Salud!
Trescientos sesenta y cinco días pasaron desde aquella noche en que, llorando y sumida en una angustia que creía irreversible, decidí sincerarme conmigo misma y considerar lo que desde hacía varios meses me venía negando, ser infiel.
Doce meses transcurrieron desde aquél jueves 13 de octubre en que la puerta de mi estudio se abrió y apareció el hombre que volvería a hacerme sentir hermosa, deseada, única. El hombre que me recordaría que con mis 32 años, seguía siendo una mujer capaz de provocar orgasmos. Juan, volvió Juan. Esta vez para quedarse (al menos aún sigue aqui), esta vez para cobrarse todas y cada una de nuestras deudas pendientes.
Y empecé a transitar un camino desconocido, un camino que realmente jamás pensé que transitaría. Me volví plena y conscientemente infiel y no hay un día que no me agradezca a mi misma, haberme animado a hacerlo. Porque volví a nacer, volví a la vida. Y si alguien pretende juzgarme no me importa, yo SOY FELIZ. Ya no mendigo sexo, ya no lloro desconsoladamente ante la indiferencia de un marido adormecido, ahora tengo un hombre que me coge, y dios mio, lo bueno que es. Ahora tengo la vida sexual que siempre soñé, sin tabúes, ni complejos, libre, plena, intensa, espectacular.
Ahora puedo decirle a mi amante que sí, que me encantaría jugar con algún sex toy, sabiendo que inmediatamente va a salir a conseguirlo para mi. Que puedo comprarme la mejor lencería sabiendo que alguien la va a disfrutar, que alguien va a excitarse al recordarme dentro de ella.
Voy por un camino sin retorno, al que no le falta nada, y le sobran ganas, deseos y pasión, en el que no existe la palabra pudor y en el que hasta hoy puedo asegurar, tampoco existe el NO como respuesta. Todo es válido entre los dos. Todo es hermoso, completamente hermoso.
Un año desde la primera vez que me desnudé en cuerpo y alma para él. Y aunque al principio todo fue confuso y el caos se hizo presente en mi vida, perfecta y totalmente organizada, donde sólo había lugar para ciertos estereotipos "serás esposa, madre, hija", de a poco, y muy lentamente, todo fue encausándose, y entendí que en la vida no todo es blanco o negro, que existen los matices, y que también están buenos, si uno sabe adaptarse a ellos y principalmente disfrutarlos.
Por eso hoy que me siento más hermosa que nunca, miro hacia atrás y siento una pena muy profunda al recordarme llorando e ignorada. Soy consciente que las cosas deberían haber sido distintas, que lo más lógico sería haber encontrado en Mario el motivo de esta felicidad, pero no fue asi, y sabe dios que lo intenté, y mucho. Asi que hoy ratifico una vez más mi desición, si fue o no la correcta dependerá de la visión de cada una de las personas que hoy esté leyendo esta historia. A mi vida le devolvió la alegría, y despertó a la mujer que hace tiempo yacía en mi, olvidada y completamente sola. Entonces que venga alguien ahora a decirme si ese no es un motivo más que suficiente. Lo es, por supuesto que lo es. Salud!
viernes, 19 de octubre de 2012
Pequeñas transformaciones
Y quiso el destino, que un día Mario encontrara este blog. Vale la aclaración, no lo buscó, sino que simplemente YO dejé todo a su vista. Mi cuenta de Twitter, con acceso directo a él, total y plenamente al alcance de sus ojos. Los motivos? miles. Un simple descuido, un error fatal, los deseos de mi subconciente (diría un psicologo), las consecuencias de mi estupidez. Cómo sea, Mario lo leyó. Todo, o casi. Mis detallados encuentros con Juan, nuestra historia, el ocaso de mi matrimonio, mis frustraciones, mis fantasías, mi soledad y nuestra pasión irrefrenable, todo salió a la luz. Recuerdo haberme quedado dormida aquella tarde y despertar sintiendo el peor de los escalofríos. Recuerdo correr a la pc y que la pantalla me devolviera la peor imagen. Mi blog, este instrumento que tanto me había servido para todas mis catarsis, para expresarme, para entenderme, para reencontrarme conmigo otra vez, había sido leído por la única persona que jamás debería haberlo hecho. Cómo seguir? Que pasaría? Ya estaría haciendo sus valijas? Cómo mirarlo a los ojos ahora?
Nada. Simplemente no pasó nada.
Creo que no me creyó capaz, que pensó que todo era producto de mi mente volátil, de una fantasía únicamente mia y sin sustento. No lo sé. Tampoco insistí en el tema. Si sé que él se mostró bastante molesto durante todo ese día, y que ante mi reiterada pregunta respecto a qué le estaba sucediendo (temiendo la peor respuesta), sólamente contestó que estaba cansado de sentir que entre Juan y yo "había quedado algo pendiente". Nada más. No hizo mención alguna al blog, ni a todo lo que pudo haber leído.
Por mi parte, le negué enfáticamente cada una de sus sospechas, y le aseguré que entre Juan y yo, no había ni habrá jamás nada pendiente. Y se calmaron las aguas.
*****************************************************************************
Pasan las semanas y sigo preguntándome cómo es que Mario no se fue de casa. Tanto me ama cómo para soportar una infidelidad? Tan imbécil me considera como para pensar que todo lo que leyó es el resultado de mi imaginación perturbada? O simplemente él también me es infiel, o bien no descarta serlo en un futuro no muy lejano?
La realidad es que nuestra relación no empeoró, por el contrario, nuestra vida sexual pasó de ser nula a escasa, lo que no es poco.
Por mi parte, tuve mis momentos de total arrepentimiento, la sola idea de imaginar a Mario destruído por mi culpa me destrozaba el corazón. Estuve un tiempo sin contactarme con Juan, con la firme convicción de terminar todo. Pero la verdad es que los días pasaban y Mario no estaba para nada destruído, por el contrario, me prestaba más atención. Por otra parte, mis ganas de ver a Juan se acrecentaban día a día, la necesidad de estar nuevamente en sus brazos se había tornado tan incesante que me convencí una vez más, que dejar de verlo no era la mejor opción.
Asi fue que decidí continuar con la relación clandestina, que tanta felicidad me genera, pero también borrar todo rastro de este blog. No su contenido, pero si su nombre. Y por supuesto, eliminar mi usuario en Twitter.
La mala esposa no murió, está mas viva y feliz que nunca, sólo que ahora soy simplemente yo, Pauli.
El blog de la mala esposa, modificó su identidad, pero no sus personajes, ni mucho menos sus historias. Decidí llamarlo "hasta que la vida los separe", en clara referencia a los dos señores que hoy están junto a mi : el hombre que me ama, por un lado y el que me hace feliz, por otro. Mario, mi marido y Juan, mi hermoso amante.
Y asi seguimos, asi estamos...
Nada. Simplemente no pasó nada.
Creo que no me creyó capaz, que pensó que todo era producto de mi mente volátil, de una fantasía únicamente mia y sin sustento. No lo sé. Tampoco insistí en el tema. Si sé que él se mostró bastante molesto durante todo ese día, y que ante mi reiterada pregunta respecto a qué le estaba sucediendo (temiendo la peor respuesta), sólamente contestó que estaba cansado de sentir que entre Juan y yo "había quedado algo pendiente". Nada más. No hizo mención alguna al blog, ni a todo lo que pudo haber leído.
Por mi parte, le negué enfáticamente cada una de sus sospechas, y le aseguré que entre Juan y yo, no había ni habrá jamás nada pendiente. Y se calmaron las aguas.
*****************************************************************************
Pasan las semanas y sigo preguntándome cómo es que Mario no se fue de casa. Tanto me ama cómo para soportar una infidelidad? Tan imbécil me considera como para pensar que todo lo que leyó es el resultado de mi imaginación perturbada? O simplemente él también me es infiel, o bien no descarta serlo en un futuro no muy lejano?
La realidad es que nuestra relación no empeoró, por el contrario, nuestra vida sexual pasó de ser nula a escasa, lo que no es poco.
Por mi parte, tuve mis momentos de total arrepentimiento, la sola idea de imaginar a Mario destruído por mi culpa me destrozaba el corazón. Estuve un tiempo sin contactarme con Juan, con la firme convicción de terminar todo. Pero la verdad es que los días pasaban y Mario no estaba para nada destruído, por el contrario, me prestaba más atención. Por otra parte, mis ganas de ver a Juan se acrecentaban día a día, la necesidad de estar nuevamente en sus brazos se había tornado tan incesante que me convencí una vez más, que dejar de verlo no era la mejor opción.
Asi fue que decidí continuar con la relación clandestina, que tanta felicidad me genera, pero también borrar todo rastro de este blog. No su contenido, pero si su nombre. Y por supuesto, eliminar mi usuario en Twitter.
La mala esposa no murió, está mas viva y feliz que nunca, sólo que ahora soy simplemente yo, Pauli.
El blog de la mala esposa, modificó su identidad, pero no sus personajes, ni mucho menos sus historias. Decidí llamarlo "hasta que la vida los separe", en clara referencia a los dos señores que hoy están junto a mi : el hombre que me ama, por un lado y el que me hace feliz, por otro. Mario, mi marido y Juan, mi hermoso amante.
Y asi seguimos, asi estamos...
domingo, 24 de junio de 2012
Yo, la indiferente ...
Toda esta historia es tan predecible, que cada vez que trato a Juan con indiferencia, su actitud hacia mi cambia completamente, y disfruto haciéndole creer aunque sea por unos días que en cualquier momento me puedo cansar y elegir no verlo nunca más. Llegar incluso, a hacerle sentir, que a pesar de que en varias oportunidades le dije que se había vuelto un mal necesario en mi vida, el hecho de necesitarlo no significa que me sea imprescindible. Y así puedo seguir, en esta especie de venganza que me fabrico, por el simple hecho de querer "cobrarme" los días que, vaya uno a saber por que motivo, pasamos sin hablarnos.
La realidad es que todo esto de proponerme ignorarlo definitivamente no me sale. Aunque me esfuerce, mi indiferencia no completa ni siquiera una semana. Escucho todas y cada una de las explicaciones que me dá sin que yo se las pida, y a esta altura, sin que yo las necesite: que ahora que ya pasaron todos los cambios importantes en su vida que tenía previstos para este año, está mas tranquilo, y va a poder organizarse mejor para todo, dándome a entender, por supuesto, que soy parte de ese "todo". Sin embargo, me mantengo en mi postura indiferente, felicitándome a mi misma por la supuesta frialdad con la que me estoy manejando, tratando de permanecer inerte a sus constantes " quiero verte", " con vos siempre quiero todo y de todo, mucho y a su vez, siempre me voy con ganas de algo más".
Y de pronto, cuándo me creí completamente el papel de mujer gélida que estoy recreando, escucho un "no se si te lo dije o no, pero la última vez, fue mi primera vez "... y simplemente muero. Me desarmo en miles de pedacitos que debo juntar inmediatamente para poder preguntarle a qué se refiere, que por favor me explique que me quiere decir. Obviamente yo ya lo sé, sólo que nunca pensé que él iba a mencionarlo ni que lo íbamos a hablar tan detalladamente. Y habló, y mucho. De cómo se deja llevar, de que cuando estamos juntos siente que no tiene límites, de "eso" que le hice que tanto disfrutó y que jamás le habían hecho, de todo lo que le gusta y principalmente de todo lo que yo le gusto. Ya está. Punto final a la difícil tarea de ignorarlo. Para qué seguir? Si al fin y al cabo va a terminar haciendo conmigo lo que quiera, hoy, mañana, o pasado, que más dá.
Y nos despedimos, no sin antes pactar un nuevo encuentro para la próxima semana y sin que yo pueda evitar decirle " no creo que tengas una idea de todo lo que me gusta estar con vos", obteniendo de él su mejor respuesta: " si lo sé, es mutuo, siento exactamente lo mismo"...
La realidad es que todo esto de proponerme ignorarlo definitivamente no me sale. Aunque me esfuerce, mi indiferencia no completa ni siquiera una semana. Escucho todas y cada una de las explicaciones que me dá sin que yo se las pida, y a esta altura, sin que yo las necesite: que ahora que ya pasaron todos los cambios importantes en su vida que tenía previstos para este año, está mas tranquilo, y va a poder organizarse mejor para todo, dándome a entender, por supuesto, que soy parte de ese "todo". Sin embargo, me mantengo en mi postura indiferente, felicitándome a mi misma por la supuesta frialdad con la que me estoy manejando, tratando de permanecer inerte a sus constantes " quiero verte", " con vos siempre quiero todo y de todo, mucho y a su vez, siempre me voy con ganas de algo más".
Y de pronto, cuándo me creí completamente el papel de mujer gélida que estoy recreando, escucho un "no se si te lo dije o no, pero la última vez, fue mi primera vez "... y simplemente muero. Me desarmo en miles de pedacitos que debo juntar inmediatamente para poder preguntarle a qué se refiere, que por favor me explique que me quiere decir. Obviamente yo ya lo sé, sólo que nunca pensé que él iba a mencionarlo ni que lo íbamos a hablar tan detalladamente. Y habló, y mucho. De cómo se deja llevar, de que cuando estamos juntos siente que no tiene límites, de "eso" que le hice que tanto disfrutó y que jamás le habían hecho, de todo lo que le gusta y principalmente de todo lo que yo le gusto. Ya está. Punto final a la difícil tarea de ignorarlo. Para qué seguir? Si al fin y al cabo va a terminar haciendo conmigo lo que quiera, hoy, mañana, o pasado, que más dá.
Y nos despedimos, no sin antes pactar un nuevo encuentro para la próxima semana y sin que yo pueda evitar decirle " no creo que tengas una idea de todo lo que me gusta estar con vos", obteniendo de él su mejor respuesta: " si lo sé, es mutuo, siento exactamente lo mismo"...
domingo, 3 de junio de 2012
Ella
Había pasado más de un mes desde su último encuentro, se mantenían en contacto, todo el contacto que pueden tener dos amantes, casados, con hijos, con vidas totalmente separadas. Se deseaban, se buscaban, incluso, acordaron y cancelaron citas varias veces, por esos jodidos infortunios de siempre.
-Seguimos acumulando ganas - sostenía él, convencido. Sin embargo, en ella algo empezaba a verse, a sentirse distinto.
El deseo había disminuído en su mente y en su cuerpo. Se instaló en su interior un sentimiento de culpa, que nunca antes había experimentado. Empezó a dudar si valía la pena correr el riesgo de perderlo todo por instantes de pasión y lujuria. La gran dicotomía entre el deber y el ser finalmente se había apoderado de ella. Y mientras buscaba en el cajón de su ropa interior las medias y el portaligas que él le había pedido que use, imagenes de su matrimonio, del día de su casamiento, de la vida conyugal, inundaron su mente.
Aún asi esperó el llamado y corrió a su encuentro. La expectativa que le generaba que él la viera asi vestida, o mejor aún, asi desnuda, volvió a despertar el deseo adormecido y le recordó cuánto necesitaba su cuerpo.
Le bastó imaginarlo esperando su llegada para que su corazón vuelva a latir con desesperación. Le bastó verlo, para que su cuerpo se vuelva a estremecer.
Y se fundió en su abrazo, y en todos y cada uno de sus besos... En la mirada excitada de él, en la profundidad de sus ojos negros. Ella sabe muy bien que a partir de ese momento su cuerpo ya no le corresponde, ahora son sólo él y sus dedos, sus manos, sus brazos, su lengua, su sexo, los únicos y verdaderos dueños de ella. Pero también sabe que por el tiempo que dure el encuentro, él le pertenece con exclusividad, sabe que se va a entregar en cuerpo y alma a todo lo que ella decida hacer con él, sin reparos, sin tapujos. Y la simbiosis es perfecta. Como dos piezas de un rompecabezas, encajan maravillosamente. Sus cuerpos se reconocen, se gozan. Y es ahi donde ella se convence, una vez más, que aunque es muy probable que él aún no lo sepa ni lo vislumbre, su misión en este mundo es estar dentro de ella.
El tiempo, enemigo de los amantes furtivos, pareciera apurarse y transcurrir lo más rápidamente posible, celoso del momento que ellos se dedican, testigo de lo bien que se sienten y de todo el mal que pueden causar. La despedida llega, la culpa desapareció nuevamente en ella. Sólo le resta admitir que sí, que vale la pena correr el riesgo, que él la hace feliz, que este juego prohibido la apasiona tanto como ese hombre que hace instantes la hizo sentir única. Y lo admite, obvio. Y hace de la palabra NUNCA el leitmotiv de su llana realidad: que esto nunca se sepa, que esto nunca se termine.
De regreso a su vida cotidiana. A quitarse una vez más, el perfume que él dejó impregnado en su cuerpo y en su memoria. A dominar las imágenes de la desenfrenada tarde vivida, que inconcientemente se presentan en su mente sin avisar, sin advertir que ella ya no es la de esa tarde, es la otra mujer, la correcta, la que todos conocen, o creen conocer.
Sorpresivamente, el deseo sexual también se hace presente en mitad de la noche. Por primera vez en años, en muchos años, su marido la despierta con una erección. Esas cosas raras que tiene la vida, de no tener sexo en semanas, a hacerlo con los dos el mismo día - piensa asombrada de la situación y de la increíble insistencia del señor que duerme todas las noches con ella, y que justo ese día parece haberlo recordado.
Y todo se confunde, el desconcierto de sentirse atraída por su esposo, el recuerdo de su impúdica y espectacular tarde, la respiración agitada de ambos, sus gemidos, los besos apasionados que hacía tanto tiempo no se prodigaban. A quién le hacía el amor ahora? A su amante? o al hombre que había elegido serle fiel toda la vida? Quién le estaba provocando ese orgasmo? Y finalmente... A quién le susurró Mi Amor al oído cuándo todo acabó?. Sólo ella sabe cuánto le gustaría poder llamar así a su amante cuando, extasiada de placer, siente que podría morir a su lado. Sólo ella sabe el esfuerzo que tiene que hacer cada vez que se encuentran, cada vez que lo abraza, para que esa frase no escape de su boca. Sabe también, que existiría un antes y un después a ese momento, y no está dispuesta a vivirlo, ni tiene la valentía de enfrentarlo... al menos por ahora.
-Seguimos acumulando ganas - sostenía él, convencido. Sin embargo, en ella algo empezaba a verse, a sentirse distinto.
El deseo había disminuído en su mente y en su cuerpo. Se instaló en su interior un sentimiento de culpa, que nunca antes había experimentado. Empezó a dudar si valía la pena correr el riesgo de perderlo todo por instantes de pasión y lujuria. La gran dicotomía entre el deber y el ser finalmente se había apoderado de ella. Y mientras buscaba en el cajón de su ropa interior las medias y el portaligas que él le había pedido que use, imagenes de su matrimonio, del día de su casamiento, de la vida conyugal, inundaron su mente.
Aún asi esperó el llamado y corrió a su encuentro. La expectativa que le generaba que él la viera asi vestida, o mejor aún, asi desnuda, volvió a despertar el deseo adormecido y le recordó cuánto necesitaba su cuerpo.
Le bastó imaginarlo esperando su llegada para que su corazón vuelva a latir con desesperación. Le bastó verlo, para que su cuerpo se vuelva a estremecer.
Y se fundió en su abrazo, y en todos y cada uno de sus besos... En la mirada excitada de él, en la profundidad de sus ojos negros. Ella sabe muy bien que a partir de ese momento su cuerpo ya no le corresponde, ahora son sólo él y sus dedos, sus manos, sus brazos, su lengua, su sexo, los únicos y verdaderos dueños de ella. Pero también sabe que por el tiempo que dure el encuentro, él le pertenece con exclusividad, sabe que se va a entregar en cuerpo y alma a todo lo que ella decida hacer con él, sin reparos, sin tapujos. Y la simbiosis es perfecta. Como dos piezas de un rompecabezas, encajan maravillosamente. Sus cuerpos se reconocen, se gozan. Y es ahi donde ella se convence, una vez más, que aunque es muy probable que él aún no lo sepa ni lo vislumbre, su misión en este mundo es estar dentro de ella.
El tiempo, enemigo de los amantes furtivos, pareciera apurarse y transcurrir lo más rápidamente posible, celoso del momento que ellos se dedican, testigo de lo bien que se sienten y de todo el mal que pueden causar. La despedida llega, la culpa desapareció nuevamente en ella. Sólo le resta admitir que sí, que vale la pena correr el riesgo, que él la hace feliz, que este juego prohibido la apasiona tanto como ese hombre que hace instantes la hizo sentir única. Y lo admite, obvio. Y hace de la palabra NUNCA el leitmotiv de su llana realidad: que esto nunca se sepa, que esto nunca se termine.
De regreso a su vida cotidiana. A quitarse una vez más, el perfume que él dejó impregnado en su cuerpo y en su memoria. A dominar las imágenes de la desenfrenada tarde vivida, que inconcientemente se presentan en su mente sin avisar, sin advertir que ella ya no es la de esa tarde, es la otra mujer, la correcta, la que todos conocen, o creen conocer.
Sorpresivamente, el deseo sexual también se hace presente en mitad de la noche. Por primera vez en años, en muchos años, su marido la despierta con una erección. Esas cosas raras que tiene la vida, de no tener sexo en semanas, a hacerlo con los dos el mismo día - piensa asombrada de la situación y de la increíble insistencia del señor que duerme todas las noches con ella, y que justo ese día parece haberlo recordado.
Y todo se confunde, el desconcierto de sentirse atraída por su esposo, el recuerdo de su impúdica y espectacular tarde, la respiración agitada de ambos, sus gemidos, los besos apasionados que hacía tanto tiempo no se prodigaban. A quién le hacía el amor ahora? A su amante? o al hombre que había elegido serle fiel toda la vida? Quién le estaba provocando ese orgasmo? Y finalmente... A quién le susurró Mi Amor al oído cuándo todo acabó?. Sólo ella sabe cuánto le gustaría poder llamar así a su amante cuando, extasiada de placer, siente que podría morir a su lado. Sólo ella sabe el esfuerzo que tiene que hacer cada vez que se encuentran, cada vez que lo abraza, para que esa frase no escape de su boca. Sabe también, que existiría un antes y un después a ese momento, y no está dispuesta a vivirlo, ni tiene la valentía de enfrentarlo... al menos por ahora.
lunes, 21 de mayo de 2012
Vivir asi...
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.
Poema 12, Oliverio Girondo
Todo esto, en tan sólo tres horas cada veinte días... Todo esto, tan sólo con Juan.
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.
Poema 12, Oliverio Girondo
Todo esto, en tan sólo tres horas cada veinte días... Todo esto, tan sólo con Juan.
sábado, 21 de abril de 2012
De Juan, y lo que nunca voy a decirle...
Estoy viviendo dos vidas, por un lado, la real, la que elegí, la de la familia que formé, por otro, la paralela, la que me abstrae de esa realidad constantemente, una vida mayormente imaginaria que no elegí, pero que me hace feliz, me libera, me da energía, me da ganas de todo. Una vida que te incluye, exclusivamente. Mantengo charlas con vos, te pregunto y me contesto, te escucho y te respondo, me escuchás y sonreís, cada uno de esos instantes falsos son recreados en mi mente, en todo momento, no importa lo que esté haciendo o a quién tenga al lado, te llevo conmigo, no nos separamos, invisiblemente estás siempre a mi lado.Y aunque sé muy bien de la imposibilidad de otra clase de vida, sueño, despierta, dormida, y soy feliz, por un rato, minutos, a veces horas.
También tengo ratos infelices, muchos, cada vez más frecuentes, inevitables, siento un gran vacío, un vacío enorme, que no se llena con nada. La seguridad de saber que nada va a cambiar me mata, que nada va a mejorar, que cada vez todo va a ser un poco peor. Nada es confuso, todo es muy claro, y por primera vez tanta claridad me dá odio.
El remedio terminó siendo peor que la enfermedad. No reniego, no me arrepiento, no esperaba algo distinto, no hay desilusión. Al contrario.
Pero aún sabiendo todo, espero. Espero más de vos, y sé muy bien que no puedo pedírtelo.
Hay tantas cosas que no quiero. No quiero una vida juntos, no quiero desarmar nada de todo lo perfectamente armado que tengo a mi alrededor. No quiero que desarmes nada de todo lo perfectamente armado que tenés a tu alrededor. Pero a la vez quiero ser parte de tu vida. Quiero que me necesites, tanto como yo te necesito. No quiero ser ignorada, no quiero ser solamente “tu descarga a tierra”, quiero ser eso y mucho más. No quiero ser tu esposa, pero quiero ser todo en tu vida.
Recuerdo la primera vez que escuché la canción “Contigo” de Joaquin Sabina. Estaba en el auto con Mario, en los inicios de nuestro noviazgo, hace más de una década, cuándo todo era extremadamente rosa. Cómo puede ser que alguien esté bien con una persona y no quiera una vida en común?, pensé con mis veinte ingenuos años, yo estoy tan bien y soy tan feliz con vos, Mario, que lo único que quiero en un futuro es una casa, hijos, toda una vida juntos… no entiendo que quiere decir Sabina, por qué si tanto la ama no quiere “juntar para mañana, o un cumpleaños feliz”… Y cambié de canción, no me acuerdo cuál elegí en ese entonces, pero seguramente alguna que reflejara el idílico momento que estaba viviendo.
Hace unos días volví a escuchar ese tema, ya con muchos años más, y una vida muy diferente a la de entonces, y sentí que había sido escrita por y para mi. Es eso lo que quiero, nada más, ni nada menos. Yo no quiero contigo ni sin ti, Juan. Ya tengo mis domingos por la tarde, y alguien a quién elegirle su champú, ya sembré todo un campo, pero evidentemente no tanto como yo quería, o no supe hacerlo bien, porque la cosecha no me está haciendo feliz.
Quiero más Juan, quiero que dos horas conmigo no te alcancen, quiero que no me dejes ir, y principalmente, que te mueras por volver. Necesito escucharte decir que te morís por mi, necesito sentirlo. Eso, sólo eso.
También tengo ratos infelices, muchos, cada vez más frecuentes, inevitables, siento un gran vacío, un vacío enorme, que no se llena con nada. La seguridad de saber que nada va a cambiar me mata, que nada va a mejorar, que cada vez todo va a ser un poco peor. Nada es confuso, todo es muy claro, y por primera vez tanta claridad me dá odio.
El remedio terminó siendo peor que la enfermedad. No reniego, no me arrepiento, no esperaba algo distinto, no hay desilusión. Al contrario.
Pero aún sabiendo todo, espero. Espero más de vos, y sé muy bien que no puedo pedírtelo.
Hay tantas cosas que no quiero. No quiero una vida juntos, no quiero desarmar nada de todo lo perfectamente armado que tengo a mi alrededor. No quiero que desarmes nada de todo lo perfectamente armado que tenés a tu alrededor. Pero a la vez quiero ser parte de tu vida. Quiero que me necesites, tanto como yo te necesito. No quiero ser ignorada, no quiero ser solamente “tu descarga a tierra”, quiero ser eso y mucho más. No quiero ser tu esposa, pero quiero ser todo en tu vida.
Recuerdo la primera vez que escuché la canción “Contigo” de Joaquin Sabina. Estaba en el auto con Mario, en los inicios de nuestro noviazgo, hace más de una década, cuándo todo era extremadamente rosa. Cómo puede ser que alguien esté bien con una persona y no quiera una vida en común?, pensé con mis veinte ingenuos años, yo estoy tan bien y soy tan feliz con vos, Mario, que lo único que quiero en un futuro es una casa, hijos, toda una vida juntos… no entiendo que quiere decir Sabina, por qué si tanto la ama no quiere “juntar para mañana, o un cumpleaños feliz”… Y cambié de canción, no me acuerdo cuál elegí en ese entonces, pero seguramente alguna que reflejara el idílico momento que estaba viviendo.
Hace unos días volví a escuchar ese tema, ya con muchos años más, y una vida muy diferente a la de entonces, y sentí que había sido escrita por y para mi. Es eso lo que quiero, nada más, ni nada menos. Yo no quiero contigo ni sin ti, Juan. Ya tengo mis domingos por la tarde, y alguien a quién elegirle su champú, ya sembré todo un campo, pero evidentemente no tanto como yo quería, o no supe hacerlo bien, porque la cosecha no me está haciendo feliz.
Quiero más Juan, quiero que dos horas conmigo no te alcancen, quiero que no me dejes ir, y principalmente, que te mueras por volver. Necesito escucharte decir que te morís por mi, necesito sentirlo. Eso, sólo eso.
Paradójicamente, sos el caos que le puso orden a mi vida, Juan, deberías hacerte cargo.
lunes, 27 de febrero de 2012
La más señora de todas las putas...
Releer nuestras charlas y sentir cómo me humedezco, recordar cada encuentro y estremecerme, despedirnos y seguir temblando por horas, llegar al orgasmo en total soledad casi sin siquiera tocarme, sólo bastándome imaginarnos una vez más arriba de la cama. Volverme loca al verlo, escucharlo, sentirlo, aún con gente mirando alrededor, nada importa, imposible evitar tanta excitación, me siento una perra en celo, tan terriblemente puta...
Y se lo digo, le confieso que con él me siento la mas puta de todas y que no me pesa...
y continúa describiendo detalladamente cada una de las cosas que nos hacemos, y a decir cuánto le gustan, qué le generan, y sin darnos cuenta, entablamos un sin fin de confesiones recíprocas que nos llevan al más alto nivel de erotismo, en el que nos sentimos perfectamente cómodos y del que sabemos salir y volver con absoluta facilidad. - lo único que importa es que cuando estamos en la cama sólo somos vos y yo - afirma, para luego desarmarme con un: "y el único que te conoce asi, siempre, voy a ser sólo yo"... Por primera vez usa la palabra siempre, que significa? acaso en su mente hay una posible continuidad a todo esto que estamos viviendo? Por segunda vez en nuestras charlas vuelve a hablar de una especie de sentimiento de pertenencia al decir "sólo yo", lo excita saber o creer que sólo soy asi con él, que por otra parte es cierto, no voy a negárselo, lo que él provoca en mí nunca antes lo generó ningún otro hombre.
Esa extraña sensación de poder que siente al saberse primero en algo es indescriptible, y aunque dude que a esta altura de las circunstancias todavía se puede ser "el primer hombre que", elige creerme, necesita creerme, se siente tan único .
La habilidad de decirle lo que él quiere oir, lo que necesita oir, simplemente para que su ego estalle, me resulta tan gratificante...
Y se lo digo, le confieso que con él me siento la mas puta de todas y que no me pesa...
- me encanta que te sientas asi y asi te quiero, la mas puta en la cama, y una señora bien en sociedad, todos te ven tan dulce y tranquila, y sos un infierno en la cama...
Y asi estamos, pasan las semanas, los meses y nosotros seguimos estando, haciendo de todo esto una suerte de juego al estilo "lo pedís, lo tenés" al que cada vez necesitamos jugar más seguido.
Se vienen cambios grandes en su vida, vamos a ver que resulta de nosotros a partir de ahora...
Mientras tanto, esperaré, sabiendo que aunque todo se termine en este preciso instante, igual habrá valido la pena, siempre van a quedar grabadas en mi cada una de las palabras que me dijo, siempre quedarán fijas en mis pupilas sus miradas colmadas de placer, sus manos aferrándose a mi cuerpo con la dosis justa de firmeza y ternura, sus interminables abrazos y caricias.
Y recordaré que fue en sus brazos y no en otros, donde por primera vez en mi vida logré sentirme "la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras...", y ésta, sencillamente, es una sensación maravillosa.
Se vienen cambios grandes en su vida, vamos a ver que resulta de nosotros a partir de ahora...
Mientras tanto, esperaré, sabiendo que aunque todo se termine en este preciso instante, igual habrá valido la pena, siempre van a quedar grabadas en mi cada una de las palabras que me dijo, siempre quedarán fijas en mis pupilas sus miradas colmadas de placer, sus manos aferrándose a mi cuerpo con la dosis justa de firmeza y ternura, sus interminables abrazos y caricias.
Y recordaré que fue en sus brazos y no en otros, donde por primera vez en mi vida logré sentirme "la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras...", y ésta, sencillamente, es una sensación maravillosa.
domingo, 26 de febrero de 2012
Dos en uno, que al final no son ninguno
Y mientras mi vida adúltera encuentra cada vez más su razón de ser, mi matrimonio se arrastra por un camino colmado de indiferencia y reproches. Y es una lástima. A veces pienso qué hubiera pasado si no hubiesen existido las carencias económicas en nuestra vida en común, si en estos siete años de matrimonio nunca nos tendríamos que haber preocupado por deudas, o por no llegar a fin de mes, si nuestra solvencia monetaria nos hubiera permitido viajar, distendernos, hacer todo lo que siempre soñamos, tal vez no habríamos llegado a este punto con Mario, quizás todos mis caprichos y mi ambición desmedida se hubieran visto saciados y no existiría motivo para correr a los brazos de otro hombre. Tal vez Mario hubiera tenido más tiempo para mi, para pensar en nosotros, para sentirse con ganas de cogerme, para verme linda, para desearme con intensidad. Para no olvidarse de que alguna vez fui su mujer, y que en nuestros primeros tiempo de novios cogíamos como desesperados y nos necesitábamos mas que a nadie en esta vida.
Desde que tuve mi primer encuentro con Juan nunca más había vuelto a tener relaciones con Mario, no porque me negase, sino porque, como siempre, Mario no tenía ganas. Finalmente, y luego de cuatro meses, pusimos fecha y hora para hacerlo, cómo quién se compromete a realizar un acto solemne. Un día de nuestras vacaciones, en la tranquilidad de nuestro dormitorio, sin mi hija en casa, teniendo toda la cama y toda la noche exclusivamente para nosotros. Lógicamente, nada bueno podía resultar de todo esto, la erección nunca llegó, y yo no tuve el mínimo interés en lograr que eso ocurra. Por el contrario, creo que inconcientemente agradecí que no se le haya parado, no me gustaban sus besos, no son como los de Juan, lascivos, juguetones y perfectos, no sentí absolutamente nada cuando me practicó sexo oral, y sus dedos jugando por ahi me molestaban, me fastidiaban e inclusive me lastimaban, no los introducía con la suavidad y la insolencia con que lo hace Juan, no recorría cada rincón de mi ser cómo él, no me miraba, no me sentía, mi cuerpo dejó de reconocer a Mario, dejó de necesitarlo.
Cómo se vuelve de esto? es posible? y si se puede, es lo que verdaderamente quiero? Ay Mario, por que llegamos a este punto? yo te amaba, me gustabas muchísimo, hubo un tiempo en que nos divertimos en la cama, mucho, inclusive mi primer encuentro con Juan no fue mejor que tantos nuestros...
Ya no te extraño Mario, ya no te elijo, perdoname, esto no significa que ya no te quiera, te quiero muchisimo, pero mis orgasmos son de Juan, mi cuerpo y mi mente le pertenecen con exclusividad, no así mi corazón, es cierto, aca no hay amor, pero tampoco lo necesito, vos me amabas y sin embargo ...
Desde que tuve mi primer encuentro con Juan nunca más había vuelto a tener relaciones con Mario, no porque me negase, sino porque, como siempre, Mario no tenía ganas. Finalmente, y luego de cuatro meses, pusimos fecha y hora para hacerlo, cómo quién se compromete a realizar un acto solemne. Un día de nuestras vacaciones, en la tranquilidad de nuestro dormitorio, sin mi hija en casa, teniendo toda la cama y toda la noche exclusivamente para nosotros. Lógicamente, nada bueno podía resultar de todo esto, la erección nunca llegó, y yo no tuve el mínimo interés en lograr que eso ocurra. Por el contrario, creo que inconcientemente agradecí que no se le haya parado, no me gustaban sus besos, no son como los de Juan, lascivos, juguetones y perfectos, no sentí absolutamente nada cuando me practicó sexo oral, y sus dedos jugando por ahi me molestaban, me fastidiaban e inclusive me lastimaban, no los introducía con la suavidad y la insolencia con que lo hace Juan, no recorría cada rincón de mi ser cómo él, no me miraba, no me sentía, mi cuerpo dejó de reconocer a Mario, dejó de necesitarlo.
Cómo se vuelve de esto? es posible? y si se puede, es lo que verdaderamente quiero? Ay Mario, por que llegamos a este punto? yo te amaba, me gustabas muchísimo, hubo un tiempo en que nos divertimos en la cama, mucho, inclusive mi primer encuentro con Juan no fue mejor que tantos nuestros...
Ya no te extraño Mario, ya no te elijo, perdoname, esto no significa que ya no te quiera, te quiero muchisimo, pero mis orgasmos son de Juan, mi cuerpo y mi mente le pertenecen con exclusividad, no así mi corazón, es cierto, aca no hay amor, pero tampoco lo necesito, vos me amabas y sin embargo ...
jueves, 12 de enero de 2012
Nuevo encuentro
Éste hombre me vuelve loca. Terriblemente loca.
Después de mil vueltas, de encuentros postergados e imprevistos, hoy nos volvimos a ver y la espera valió la pena. Nuestro tiempo compartido es cada vez mejor, se perfecciona constantemente. Es muy gracioso el momento en que nos vemos y subo al auto, hablamos de temas superficiales, nos contamos nuestra semana, que novedades hubo, y hasta lo raro que está el clima, es cómo si ninguno de los dos reconociera lo que estamos a punto de hacer. Hasta que entramos al hotel, y cerramos la puerta. Y ahí si, somos, por fin, sólo él y yo. Y siento que muero, y deseo con toda mi alma, que el tiempo se pare, y que ese momento sea eterno.
Entonces comienza a besarme los pechos, juega con mis pezones, me dice cuánto los extrañó, cuántas ganas de volver a verme que tenía, que me extrañó mucho...
Cómo me gusta escucharlo, cómo me gusta verlo desarmarse de placer, "Ay Paula, por favooor" me dice sin aliento, "no pares nunca, por favor, no pares nunca", susurra, mientras yo tengo todo su miembro en mi boca. Es que con él me descubrí fanática del sexo oral, cómo me gusta chupársela, cómo me gusta sentir que tengo el poder de hacerlo estallar de placer, o de dejarlo con ganas de más, pidiéndome que me quede ahí, que no me vaya nunca. Inmediatamente después vienen las palabras de retribución: que hermosa mujer sos, cómo me volvés loco, a lo que yo respondo que él es hermoso y que él también me vuelve loca, entonces él vuelve a repetirlo, y así estamos, diciéndonos lo mismo constantemente. Aunque yo, obviamente, dejo que él tenga la última palabra.
"Me gustás mucho Paula, me gustás muchísimo". Primera vez que me lo dice y y se oye tan bien, suena tan lindo.
Pasados algunos minutos, la retribución ya no es en palabras, sino que le deja espacio a los hechos, y me inunda de placer, tal como me lo había prometido, me besa desde el pelo hasta la punta de los pies, y por qué no, del derecho y del revés. Y tenemos el mejor sexo del mundo, y sus caricias dominan mis sentidos, y nos miramos fijo, nos sonreímos, completamente felices del momento que nos estamos dedicando. Y yo no puedo más, mis gemidos son cada vez más incontrolables, y Juan me escucha, y me dice que "son música para sus oídos, y que se moría por volverlos a escuchar. Y me río, y empiezo a ver el orgasmo reflejado en su cara, lo escucho gemir, por dios, es tan lindo.
Y después llega la calma, caemos rendidos, extasiados, quisiera dormir horas, quedarme ahí, pero no se puede, hay una realidad tirana a la que le debemos respeto y a pesar de mis deseos, el tiempo nunca se detuvo. Recobramos el aliento, la respiración se vuelve a aquietar, y llamativamente, a diferencia de otras veces, empieza a hablar de su vida, su trabajo, su familia, nuestros amigos en común, y al cabo de un tiempo, me doy cuenta que yo también le cuento de mi vida, mi trabajo, mi profesión, mis planes, nuestros hijos, nuestras parejas. Todo esto sin haber dejado nunca de acariciarme ni yo de abrazarlo. Que raras se están poniendo las cosas.
Finalmente nos vestimos, y antes de irnos me dice: siempre me pasa lo mismo, terminamos de estar juntos, y en cuánto nos vamos siento muchas más ganas de volver a estar con vos, de verte nuevamente. Y yo sonrío, y quisiera decirle que lo único que pido es que por nada del mundo pierda esas ganas, que sigan aumentando y que me empiece a necesitar, cada vez más, con desesperación, que se acrecienten sus ganas de verme, que estoy esperando convertirme en su mayor necesidad. Pero no me animo, lo beso, sin decirle nada, y nos vamos. Otra vez al auto y a las charlas superfluas. Todo lo que fuimos, lo que sentimos, quedó ahí, en esas cuatro paredes. Los dos somos conscientes que es la vida que elegimos, desde un principio supimos que las cosas serían así, y mientras nos sirva, habrá que aceptarlo.
Después de mil vueltas, de encuentros postergados e imprevistos, hoy nos volvimos a ver y la espera valió la pena. Nuestro tiempo compartido es cada vez mejor, se perfecciona constantemente. Es muy gracioso el momento en que nos vemos y subo al auto, hablamos de temas superficiales, nos contamos nuestra semana, que novedades hubo, y hasta lo raro que está el clima, es cómo si ninguno de los dos reconociera lo que estamos a punto de hacer. Hasta que entramos al hotel, y cerramos la puerta. Y ahí si, somos, por fin, sólo él y yo. Y siento que muero, y deseo con toda mi alma, que el tiempo se pare, y que ese momento sea eterno.
Entonces comienza a besarme los pechos, juega con mis pezones, me dice cuánto los extrañó, cuántas ganas de volver a verme que tenía, que me extrañó mucho...
Cómo me gusta escucharlo, cómo me gusta verlo desarmarse de placer, "Ay Paula, por favooor" me dice sin aliento, "no pares nunca, por favor, no pares nunca", susurra, mientras yo tengo todo su miembro en mi boca. Es que con él me descubrí fanática del sexo oral, cómo me gusta chupársela, cómo me gusta sentir que tengo el poder de hacerlo estallar de placer, o de dejarlo con ganas de más, pidiéndome que me quede ahí, que no me vaya nunca. Inmediatamente después vienen las palabras de retribución: que hermosa mujer sos, cómo me volvés loco, a lo que yo respondo que él es hermoso y que él también me vuelve loca, entonces él vuelve a repetirlo, y así estamos, diciéndonos lo mismo constantemente. Aunque yo, obviamente, dejo que él tenga la última palabra.
"Me gustás mucho Paula, me gustás muchísimo". Primera vez que me lo dice y y se oye tan bien, suena tan lindo.
Pasados algunos minutos, la retribución ya no es en palabras, sino que le deja espacio a los hechos, y me inunda de placer, tal como me lo había prometido, me besa desde el pelo hasta la punta de los pies, y por qué no, del derecho y del revés. Y tenemos el mejor sexo del mundo, y sus caricias dominan mis sentidos, y nos miramos fijo, nos sonreímos, completamente felices del momento que nos estamos dedicando. Y yo no puedo más, mis gemidos son cada vez más incontrolables, y Juan me escucha, y me dice que "son música para sus oídos, y que se moría por volverlos a escuchar. Y me río, y empiezo a ver el orgasmo reflejado en su cara, lo escucho gemir, por dios, es tan lindo.
Y después llega la calma, caemos rendidos, extasiados, quisiera dormir horas, quedarme ahí, pero no se puede, hay una realidad tirana a la que le debemos respeto y a pesar de mis deseos, el tiempo nunca se detuvo. Recobramos el aliento, la respiración se vuelve a aquietar, y llamativamente, a diferencia de otras veces, empieza a hablar de su vida, su trabajo, su familia, nuestros amigos en común, y al cabo de un tiempo, me doy cuenta que yo también le cuento de mi vida, mi trabajo, mi profesión, mis planes, nuestros hijos, nuestras parejas. Todo esto sin haber dejado nunca de acariciarme ni yo de abrazarlo. Que raras se están poniendo las cosas.
Finalmente nos vestimos, y antes de irnos me dice: siempre me pasa lo mismo, terminamos de estar juntos, y en cuánto nos vamos siento muchas más ganas de volver a estar con vos, de verte nuevamente. Y yo sonrío, y quisiera decirle que lo único que pido es que por nada del mundo pierda esas ganas, que sigan aumentando y que me empiece a necesitar, cada vez más, con desesperación, que se acrecienten sus ganas de verme, que estoy esperando convertirme en su mayor necesidad. Pero no me animo, lo beso, sin decirle nada, y nos vamos. Otra vez al auto y a las charlas superfluas. Todo lo que fuimos, lo que sentimos, quedó ahí, en esas cuatro paredes. Los dos somos conscientes que es la vida que elegimos, desde un principio supimos que las cosas serían así, y mientras nos sirva, habrá que aceptarlo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
