martes, 6 de noviembre de 2012

Ramiro

Y si algo le faltaba a mi vida, y a toda esta historia que entremezcla maridos y amantes era un ... tercero? Y llegó Ramiro.
Ramiro es un colega en mi profesión. Nos conocemos poco y nada, sin embargo, hoy le estoy dedicando un espacio en este blog.
La realidad es que desde hace un tiempo a esta parte, se ha convertido en la persona con quién más hablo durante todo el día. Ya sea por teléfono o textos, pasan las horas y no dejamos de estar pendientes el uno del otro en ningún momento. En nuestras charlas abundan los "donde estás", "que estás haciendo", "como te fue", "necesitas algo", y el envío de fotos de nuestros actos cotidianos de cada día se volvió incesante, asi, de pronto, puedo ver con mis propios ojos como a las 7 de la tarde juega con sus hijas, o bien, saber que desayuna al comenzar el día. De igual forma, él puede comprobar cómo nos divertimos con mi hija en un pelotero, o la cantidad de papeles que tengo para archivar en la oficina. Todo, cada detalle, queda retratado y es enviado a nuestros celulares, cómo una forma de hacer partícipe al otro de nuestra rutina diaria.
También me acostumbró a esperar un "buenos días princesa" vía mensaje de texto  todas las mañanas, al punto tal que he llegado a fastidiarme si un día no lo hace.
No puedo explicar con palabras que es esto que se está gestando. Ramiro es casado, por supuesto, con dos hijas maravillosas y una mujer que a juzgar por las fotos en su facebook, es simplemente hermosa, dulce y compañera. Asi que francamente, no se que está haciendo conmigo. Y no lo digo por considerarme menos hermosa que ella, sino porque a simple vista parecen una pareja perfecta.
Supongo que, y en mi afán de analizarlo todo infinidad de veces, Ramiro es uno más de los tantos esposos aburridos en su matrimonio, que busca afuera de casa la emoción y la adrenalina que su vida perdió hace tiempo. Porque sinceramente, me resulta sorprendente cómo puede estar tan pendiente de mi los 7 días de la semana, las 24 horas de cada día.
Y es aquí donde empiezan las odiosas comparaciones. Y es aquí donde me pregunto constantemente: por que a lo largo de todo este año no pude lograr que aunque sea la cuarta parte de toda esa atención hacia mi provenga de Juan? Por qué a Juan no le interesa saber de mis actividades cotidianas, por qué Juan no se enternece con una foto de mi hija enseñándome sus juegos, por qué Juan no está pendiente de mis estados de ánimo ni me llama para saber cómo fue mi día? Porque asi debe ser, supongo. Porque estoy completamente segura que de haber encontrado todo eso en Juan, no hubiera dudado un segundo en destruir mi matrimonio y correr a sus brazos para siempre, contra todos y sin importarme nada. Y bien sabemos que eso no puede pasar, que yo tengo una hija que proteger, cuya feliz infancia no debe verse alterada por mis deseos egoístas y sin fundamentos, y tengo un compromiso que cumplir, un "hasta que la muerte los separe" que respetar, y un marido que cuidar y querer hasta el último día de mi vida, porque, al fin de cuentas, asi lo elegí. Y no hay vuelta atrás, menos aún, cuándo él es tan bueno conmigo y tan excelente padre para nuestra niña.
Cómo sea, si de algo sirve la aparición de Ramiro en mi vida, es para darme cuenta finalmente de aquello que hace tanto tiempo veía y me costaba reconocer: mi significado en la vida de Juan. A ver si se entiende, en base a todo lo que Ramiro me brinda pude observar todo lo que Juan me mezquina, o bien no está dispuesto a hacer por mi, ya sea porque no le nace hacerlo, o simplemente porque no le interesa.
Para Juan soy la mujer que lo hace disfrutar como nadie en la cama durante dos horas cada veinte días, o a veces más. Soy, cómo él siempre dice, la amante perfecta. Y está bien, está perfectamente bien, si él a mi me genera exactamente lo mismo. Sucede que ahora quiero más, que ya no me alcanza, que ya me fastidia que últimamente mi único contacto con Juan sea para arreglar nuestro encuentro, vernos, pasarla bien, y luego si te he visto, no me acuerdo.
La verdad es que no se si sigo queriendo a Juan en mi vida, amo y necesito mis momentos con él, pero el vacío que estoy empezando a sentir cuándo nos despedimos, no se está llenando fácilmente. Tal vez la etapa de Juan a mi lado esté llegando a su fin, tal vez sólo se trató de tenerlo por un rato, hasta que yo lograra salir del pozo en el que me encontraba sumergida, y ahora que gracias a su reaparición en mi vida, pude hacerlo, debo soltarlo y seguir sola. No lo sé. Realmente no se que hacer. No voy a volver a explicar lo maravillosamente bien que la paso con Juan, ni el espectacular sexo que tenemos y cuánto nos disfrutamos. Pero si hoy siento que esto ya no es suficiente, no está mal que me replantee su continuidad, aún corriendo el riesgo de no volver a vivir momentos así nunca más en mi vida.
Por otro lado, Ramiro no me genera mucho, o mejor dicho, no me genera nada. Y la verdad que mi matrimonio con Mario está pasando un buen momento, asi que tampoco tengo ganas ni necesidad de volcarme nuevamente a los brazos de otro hombre.
Como sea, creo que estoy viviendo una etapa de gataflorismo a la enésima potencia, reforzada por un amante que me coge como los dioses pero que no me presta atención, un fulano que vive pendiente de mi, aunque no me haya tocado ni un pelo, y un marido que aparentemente recordó sus habilidades amatorias y de a poco y con paciencia, las está poniendo en práctica... En fin...