jueves, 29 de septiembre de 2011

Demasiado para mi

Ya estoy grande para jugar a la adolescente virginal. Con Juan tenemos un encuentro pactado para fines de octubre, el cual voy a cancelar, Pero aún no se lo dije y a sus preguntas respondo con evasivas al mejor estilo "gata Flora". No puedo seguir con esto, la sola idea de planear un encuentro a escondidas de mi marido me tensiona, no se cómo les puede resultar tan fácil a  los amantes, a mi me provoca un nerviosismo tal, que parece salido de una pelicula de terror. Yo estoy segura que de encontrarnos casualmente en la calle, no dudaría ni un segundo en irme con él, no tengo objeción alguna frente a lo espontáneo, pero las probabilidades de cruzarnos son completamente nulas, no compartimos nada, no tenemos lugares comunes, vivimos y trabajamos en ciudades bastante lejanas.  Entonces,  aunque me muera de ganas de estar con él, lo voy a dejar pasar, una vez más, y supongo que esta vez, definitivamente.
De todas maneras, siento que nuestro juego se está enfriando, seguramente por mis eternas dudas, todo esto me cansa a mi, así que me imagino a él. Tal vez esté empezando a perder interés en mi, ayer dijo que me iba a llamar, no lo hizo, no se que me dijo que le había pasado, por favor!! no soy tu novia, no soy tu mujer, no me des explicaciones, no seas patético, que para patética estoy yo, esperando como una boluda que me llames. Nooo!! esto es too much! Demasiado para mi!! "esperando que me llame", no voy a jugar el papel más deprimente en la vida de cualquier mujer... "esperando que me llamen", a esta altura de mi vida.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Alto ahi!

Leyendo todo nuevamente, me doy cuenta en el desastre en que se puede transformar esta historia. Esto no puede seguir asi, se tiene que terminar. Tengo mucho por perder, no puedo dejarme llevar por una calentura cual adolescente, ya se me pasó la edad para hacer locuras,  necesito apostar a mi matrimonio, hablar nuevamente con mi marido e implorarle si es necesario que cojamos con mas frecuencia, que entienda que estamos frente a un problema, y que no tener sexo en ocho meses no es normal. Que necesito sentirme deseada, y que lo sigo eligiendo a él para eso. Hoy mismo hablo con Mario y trato de revivir nuestra pareja. Hoy mismo también, corto toda vía de comunicación con Juan, ya basta de alimentar esta fantasía que no conduce a nada bueno.Cada uno por su lado,  como hicimos hace diez años. Hasta aca llegamos.

Lo que necesito escuchar

Nunca voy a dejar de asombrarme del poder de imaginación que tiene la mente humana. De cómo puede sacarnos de nuestra actividad diaria y transportarnos a cualquier parte, incluyendo en ese viaje imaginario, olores, sabores, sonidos. Cómo la más onanista, imaginé nuestro encuentro mil veces, con todos los detalles, no le falta nada. Lo hicimos en todas partes, un hotel, su auto, mi oficina. En todos esos encuentros, el final es el mismo, exhaustos, nos miramos felices y satisfechos, todas nuestras expectativas fueron superadas y la espera valió la pena. La otra noche soñé con Juan, y fue demasiado real, lo sentí tan cerca, tan dentro mio, escuché sus gemidos, besé su cuerpo,  sentí el calor de su piel, la suavidad de su sexo, me besó tantas veces y me abrazó tan fuerte que llegué a estremecerme, desperté tan excitada que no podía creer que no fuera verdad. Esa misma tarde, se lo conté, sabía que lo iba a volver loco, y aun queda dando vueltas en mi memoria lo que me dijo "cómo me calentás, por favor". Es todo lo que necesitaba oir. En él, genero todo lo que no logro generar en mi marido, y él me produce infinidad de sensaciones que hace mucho no sentía y que Mario no tiene el menor interés en provocarme. Juan logra que nuestras miradas se crucen lascivamente, que su sola presencia me ponga nerviosa, que pensar en nuestro encuentro me haga temblar.

Lo que me genera Juan

Y aca estoy, debatiéndome entre mis ganas irrefrenables de caer en sus brazos y la culpa que sé, me va a generar. Entre lo que me muero de ganas de hacer y lo que debo reprimir. Simplemente entre lo que está bien, y lo que está mal.... esa delgada linea... Es una locura, nadie podría enterarse, a ninguna persona podría confiarle algo asi. Y después que? Que pasa si no es solo una vez nada más, nos convertiríamos en amantes? Pondría en peligro la felicidad de mi hija, por unas dos, tres horas de placer? Y después de cada encuentro cómo haría para volver a mi vida de mujer casada, a dormir al lado de mi marido, a mirarlo a los ojos? Es muy facilista de mi parte pensar que como no cogemos él se lo merece, se que no es asi. Se supone que si lo elegí debo estar con él, y conformarme con el matrimonio que me tocó. Eso haría una buena esposa.  
Por otro lado, mi cuerpo no es lo que era hace diez años atrás, una cesárea y millones de estrías hacen que mi abdomen plano solo sea un lindo recuerdo de lo que alguna vez tuve. No me sentiría cómoda desnudándome frente a Juan, él espera a la Paula de antes, a la perfecta. Por dios, cuantos mambos.
Y si me enamoro?? todo puede ocurrir en esta vida y eso sería definitivamente lo peor, quererlos a los dos, me convertiría en la amante despechada? en la esposa desdichada?
 No, todos los caminos conducen al abismo. Me tengo que quedar como estoy, con la familia que formé, con la pareja que elegí. Después de todo, Juan que tiene para ofrecerme? simple, según sus propias palabras: un amigo y un amante, todo en uno, el combo perfecto, digo yo con ironía, la situación ideal, sostiene él, completamente seguro de lo que dice. 

Por que el nombre del blog?

Por que la mala esposa? Porque lo soy, porque desde hace meses lo único que quiero es estar con él, con Juan. Porque evidentemente el gusto de lo prohibido me enciende, y porque Juan, sencillamente, me incendia.
Quién es Juan? lo pendiente. Aquél con quién no me acosté durante el año que estuvimos separados con Mario, en aquel entonces, todavía mi novio. Con quién viví hermosos momentos muy calientes, pero, por esas cosas del destino, no concretamos, no hubo sexo, no hubo hotel, nos quedamos con las ganas, literalmente. A tal punto que durante los casi diez años que transcurrieron desde entonces, Juan no para de recordármelo, y no deja de insistirme para que saldemos esa deuda que nos estamos debiendo mutuamente.
Muchas cosas pasaron en esta década, ambos nos casamos, ambos fuimos padres, pero el deseo y las ganas de vernos y gustarnos,  permaneció intacto. Y, para que negarlo, las ganas de tenernos se fue acrecentando.
Juan me vió a punto de casarme, también me vió embarazadísima, me pidió sentir las pataditas del bebe, y aunque en esa etapa de mi vida yo no tenía el más mínimo interés por él, su presencia siempre me hizo sentir cierta electricidad inexplicable.
Aclaro que nunca se me pasó por la cabeza que alguna vez podríamos llegar a tener algo mas que sexo, que seguramente debe ser excelente. Juan no es hombre de una sola mujer, es infiel por naturaleza, allá él si necesita analizarse y descubrir el origen de su personalidad inestable e insegura. En estos años, cambió de pareja dos veces, y aunque hoy se muestre como un padre de familia felizmente casado, la realidad es que nunca dejó de pedirme que estemos juntos. Así que sobradas pruebas tengo de que no es una persona de fiar. 
Con Juan tenemos muchos amigos en común, por lo que si o si nos vemos entre tres y cuatro veces por año, y, gracias a las redes sociales, hablamos todos los días. Y ahora se volvieron a sumar los llamados telefónicos, conversaciones largas e inocentes como de dos viejos amigos que hablan de su vida sin ningún tipo de connotación, sólo alguna que otra alusión a un posible encuentro. Reconozco que me estoy volviendo adicta a nuestras charlas, principalmente las que tenemos por chat, donde es evidente que al no vernos ni oirnos, nuestros ratones se despliegan mucho mas y hacen de las suyas, en conversaciones que bien podrían sonrojar al más atrevido. Y ahí sí jugamos, juego a ser la femme fatal que sé que le gusta, a dejarme llevar por lo que escribe, a sentir que estamos cerca, y me siento tan bien, tan excitada, tan plena, tan hermosa.
Porque él me vé hermosa (hasta me reconoció que estaba hermosa embarazada), pero por sobre todas las cosas y después de una confesión a la que llamó "honestidad brutal", yo lo caliento, lo excito, lo vuelvo loco, él se masturba pensando en mi.  Y si, esto es lo que quiero. Esto necesito. La pequeña puta que vive en mí, volvió a encontrarle sentido a sus días después de leerlo, y simplemente, volvió a nacer. Y yo, para celebrar, fui a la peluquería y me puse linda, porque descubrí, que hay un tipo que se erecta, cuando me imagina a su lado.  

Frases hechas

"La infidelidad puede evitarse. Una sabe muy bien en que momento debe dar un paso al costado. No ocurre porque si". Así pensaba Paula hace varios años atrás, antes de ser esposa, cuando ni pensaba en ser madre, cuando no se sentía tan mal consigo misma.
La Paula actual se aferra a frases hechas, a los consejos de un devaluado Osho ( La peor traición es la que se hace uno a sí mismo, perder la oportunidad de ser feliz y desperdiciarla. Ser fiel a uno mismo es la única lealtad necesaria para vivir. La razón por la que todo el mundo parece tan frustrado es que nadie ha escuchado su voz interior.),o a cualquier graffiti que pueda acomodar a su realidad y en donde perciba cierta luz verde a las ideas que últimamente la mantienen despierta.
Por Dios, la sola idea de considerar ciertas cosas, me aterra, me asombra y me excita, todo a la misma vez.

Ni pensarlo.

Nunca me separaría, la idea de finalizar este matrimonio jamás pasó ni pasará por mi cabeza. No podría dejar a mi hija sin un papá en casa, sin un papá que juegue con ella a diario. No la haría pasar por el dificil momento de vivir unas vacaciones separadas de mamá o papá. No, no. Ella es inmensamente feliz asi, y si yo no puedo ser feliz en mi matrimonio es algo que me compete únicamente a mi, o en tal caso, también a mi marido, pero nada tiene que ver con mi pequeña. Además, yo lo quiero, yo aún apuesto a una vida juntos, tiene que haber un final feliz para nosotros, tal vez podamos salir adelante. Lo deseo con todo mi corazón.

Darse cuenta

Al releer mi primer entrada, reconozco una vez más, lo patético que es mi matrimonio.
Es que lo único que busco es una respuesta a esta cuestión: A DONDE SE FUE LA CALENTURA??, porque alguna vez existió. Y ya se que la rutina, el trabajo, los problemas, el paso del tiempo y demás apagan hasta la llama más voraz, pero yo ni siquiera tengo sexo rutinario, ese que llega con suerte el sábado a la noche después que los chicos se durmieron, y seamos francos, tampoco pasó tanto tiempo, hace sólo seis años que compartimos nuestros días, y nuestras noches por supuesto, aunque al dormir cada uno mire en diferentes direcciones.
Es cierto que si yo "lo busco" no soy rechazada, él está, ahí, pasivamente, todo para mi. Pero por que debe ser siempre así? Por que nunca tengo una erección esperándome en la cama? Por que debo generarla yo? Y la realidad es que ya no quiero ser yo la que busca, la que propone, me cansé, simplemente eso, me cansé de esperar caricias nocturnas que nunca llegan, una mirada lasciva, o un abrazo que me estremezca.
En casa solo hay besos a la deriva, algún que otro mimo al pasar, un "que linda está mamá" cuando vamos a algún lado, pero nada más. Ya no quiero sentirme incogible, quiero sentirme deseada, quiero ver en una mirada masculina la necesidad de cogerme por horas.
Y trato de encontrar motivos a este desinterés, inclusive lo observo, sin que el lo sepa claro, trato de encontrarlo "in fraganti" viendo pornografía, o en alguna conversación caliente por chat, pero no, no hay indicios de que tenga actividad sexual, ni siquiera con él mismo.
Yo se que en gran parte esto surge de la pérdida de su madre, hace tres años atrás, a raíz de una maldita enfermedad. Nadie puede sufrir una pérdida así y resultar ileso. Pero cuanto dura el duelo? Hasta cuando? Y aún así, como ya lo dije, antes de que ocurra este horrible acontecimiento en su vida, tampoco era todo un semental. Aun recuerdo cuando en plena luna de miel, y ante mi reclamo por el escaso sexo que estábamos teniendo me dijo que "ahora estábamos casados y teníamos toda la vida y todo el tiempo de mundo por delante para poder hacerlo". Es muy triste realmente.
Como sea, yo me casé para toda la vida, sabiendo que mi fidelidad sería absoluta, porque no existe en mí la más remota posibilidad de estar con otra persona, pero tengo 32 años y me rehúso a tener un matrimonio sin sexo, a vivir con esta angustia, a sentirme fea por el simple hecho de que el hombre que tengo al lado no me desee, no me haga sentir viva. No quiero conformarme, nunca lo hice, la resignación es algo que no acepto, y menos en este caso, pero sinceramente no le encuentro solución a este problema, necesito el calor que me falta en mi cama, necesito al hombre que me haga vibrar, que me haga sentir la mujer sensual que sé que fui y puedo volver a ser. Me doy cuenta, que esto no puede seguir asi. No nos conduce a ningún lado.

Empecemos....

Mala, muy mala, la peor, asi me siento. Cuando me casé creía firmemente en el "para siempre", en que con el paso del tiempo, y cuando la pasión se apague, el amor permanecería intacto. Hoy, seis años después, reconozco haber estado equivocada. No tengo motivos para no creer en el matrimonio, hija de padres que se aman, con una vida en comun de mas de treinta años, podria encontrar ahi los cimientos necesarios para seguir con la misma convicción con la que me casé. Pero no, hoy, a la distancia, pienso que tal vez no me casé enamorada, que un noviazgo de siete años (con separación promediando el tercero) debería haber sido suficiente para darme cuenta que esta unión no era el broche de oro que todos sueñan.
Que me esta pasando? tengo una hija, hermosa, de cuatro años, una profesión, un futuro, un marido... Un marido que me quiere, tal vez todavía me ame, al que no puedo reprocharle nada, o por lo menos nada fuera de lo común, nadie dijo que la convivencia sería facil. También tengo muchas deudas, resultado de sus malas decisiones en gran medida, de mi profesión que recién comienza a rendir sus frutos, y de intentar llevar una vida mejor a la que deberíamos llevar de acuerdo a nuestras posibilidades.
Soy ambiciosa, lo admito. Necesito dinero para ser feliz, pero no pido mucho, solo una vida tranquila, con pequeños placeres, nada extraordinario. Espero que esa vida llegue, apuesto a eso, estudié para eso.
Hay momentos en los que me siento linda, otros, en cambio, siento que ni el último de los condenados a prisión perpetua se me acercaría. Seguramente exagero, es verdad que mi cuerpo post embarazo no es para nada envidiable, pero también es cierto que aún sigo cosechando miradas y frases calientes por la calle.
Y aca es donde comienza esta historia, en las miradas que consigo de extraños y en las que en casa desaparecieron  hace mucho.
Tengo 32 años, y no hago el amor. Podría contar mis últimas dos relaciones sexuales con mi marido ya que las recuerdo completamente, no por fabulosas, sino por el tiempo que ha transcurrido entre una y otra: nuestro aniversario, el año pasado, y una única vez en quince dias de vacaciones, a principios de este bendito 2011. Nunca pensé que podría llegar a vivir una situación tan de mierda, tan triste. Reconozco que el desgaste por la situación económica influye, el hecho de no poder salir a distendernos porque siempre hay algun gasto que cubrir, o que nuestra hija aun comparta nuestro dormitorio,  todo puede ayudar a esta carencia sexual, por asi llamarlo, pero acaso los pobres no garchan?. También reconozco que Mario, nunca fue una persona muy sexual, sí de novios, durante los primeros años, pero ni siquiera cuando eramos recien casados teniamos sexo frecuentemente, yo no se lo que es tener "sexo todos los dias".
Por supuesto que el tema fue planteado, de mi parte, obvio, porque para Mario es una situación normal, que ya va a mejorar. Lo charlamos varias veces, y el final es siempre el mismo, yo termino llorando, humillada, no pudiendo creer lo que planteo. Y el abrazándome, diciéndome que tengo razón, que tenemos que mejorar.
Para que quede claro, yo no pienso que haya otra mujer, es más, estoy segura que no la hay, las mujeres siempre lo sabemos, o por lo menos tenemos algun indicio, y no es este el caso.
Simplemente, no cogemos. Somos hermanitos criando un hijo en común. Nos queremos, nos conocemos bien, y ambos anhelamos lo mejor para los tres, pero de coger, ni hablar.