domingo, 26 de febrero de 2012

Dos en uno, que al final no son ninguno

Y mientras mi vida adúltera encuentra cada vez más su razón de ser, mi matrimonio se arrastra por un camino colmado de indiferencia y reproches. Y es una lástima. A veces pienso qué hubiera pasado si no hubiesen existido las carencias económicas en nuestra vida en común, si en estos siete años de matrimonio nunca nos tendríamos que haber preocupado por deudas, o por no llegar a fin de mes, si nuestra solvencia monetaria nos hubiera permitido viajar, distendernos, hacer todo lo que siempre soñamos, tal vez no habríamos llegado a este punto con Mario, quizás todos mis caprichos y mi ambición desmedida se hubieran visto saciados y no existiría motivo para correr a los brazos de otro hombre. Tal vez Mario hubiera tenido más tiempo para mi, para pensar en nosotros, para sentirse con ganas de cogerme, para verme linda, para desearme con intensidad. Para no olvidarse de que alguna vez fui su mujer, y que en nuestros primeros tiempo de novios cogíamos como desesperados y nos necesitábamos mas que a nadie en esta vida.
Desde que tuve mi primer encuentro con Juan nunca más había vuelto a tener relaciones con Mario, no porque me negase, sino porque, como siempre, Mario no tenía ganas. Finalmente, y luego de cuatro meses, pusimos fecha y hora para hacerlo, cómo quién se compromete a realizar un acto solemne. Un día de nuestras vacaciones, en la tranquilidad de nuestro dormitorio, sin mi hija en casa, teniendo toda la cama y toda la noche exclusivamente para nosotros. Lógicamente, nada bueno podía resultar de todo esto, la erección nunca llegó, y yo no tuve el mínimo interés en lograr que eso ocurra. Por el contrario, creo que inconcientemente agradecí que no se le haya parado, no me gustaban sus besos, no son como los de Juan, lascivos, juguetones y perfectos, no sentí absolutamente nada cuando me practicó sexo oral, y sus dedos jugando por ahi  me molestaban, me fastidiaban e inclusive me lastimaban, no los introducía con la suavidad y la insolencia con que lo hace Juan, no recorría cada rincón de mi ser cómo él, no me miraba, no me sentía, mi cuerpo dejó de reconocer a Mario, dejó de necesitarlo.
Cómo se vuelve de esto? es posible? y si se puede, es lo que verdaderamente quiero? Ay Mario, por que llegamos a este punto? yo te amaba, me gustabas muchísimo, hubo un tiempo en que nos divertimos en la cama, mucho, inclusive mi primer encuentro con Juan no fue mejor que tantos nuestros...
Ya no te extraño Mario, ya no te elijo, perdoname, esto no significa que ya no te quiera, te quiero muchisimo, pero mis orgasmos son de Juan, mi cuerpo y mi mente le pertenecen con exclusividad, no así mi corazón, es cierto, aca no hay amor, pero tampoco lo necesito, vos me amabas y sin embargo ...





No hay comentarios:

Publicar un comentario