Te amo con toda mi alma, con toda mi vida, con todo mi ser. Con todo mi cuerpo, con todas mis ganas, con todas mis ansias, con todo lo que te extraño, y te deseo, con todas mis risas y todas mis lágrimas.
Se terminó. Lo terminé. Y me guardé todos y cada uno de los Te Amo que tenía para él y obviamente, no dije. Y se esfumaron todas mis ilusiones de escucharlo decir cuánto me ama, me necesita, o me quiere, aunque más no sea. Jamás lo dijo ni lo dirá, lo sé, estoy segura.
El vacío que sentía después de cada encuentro ya no se llenaba con la ilusión de volver a verlo. Los dos, tres meses que separaban nuestras citas marcaban simplemente el comienzo del fin.
Te extraño tanto, tanto, tanto. Hoy se muy bien que hubiera dejado todo por una historia juntos, mi Juan, mi amante perfecto.
No se cómo manejar esta abstinencia de tu cuerpo en mi vida, tal vez el remedio resultó peor que la enfermedad.
Pero la lenta agonía de esta relación, por asi llamarla, que habíamos forjado, me estaba destruyendo. Darme cuenta que simplemente era la puta a la que visitabas cada vez con menos frecuencia, ya no me divertía. Las cosas siguieron su curso, supongo. Asi debe ser cómo se van enfriando estas cuestiones de amantes seguramente... Esperaba más, no lo obtuve, no lo reprocho tampoco, pero Dios Mio, cuánto te extraño... Hoy releo las conversaciones de nuestros comienzos y no puedo evitar que la nostalgia me invada y lágrimas corran por mis mejillas. Efectivamente lo nuestro también tenía fecha de vencimiento.
Nunca pude entender por que no pudimos vernos más seguido, por que nuestras necesidades no eran las mismas. Si cada encuentro era único y la pasión jamás disminuyó, por que no morías por tenerme en la cama todo el tiempo. Por que, si cada vez era mejor que la anterior, según tus propias palabras, podías vivir tantas semanas sin verme. Me enamoré Juan, de lo bien que me cogés, de lo maravillosamente bien que me hacés sentir en la cama, y yo si que no puedo vivir sin eso. La incertidumbre de no saber cuándo iba a volver a ver te luego de cada encuentro me estaba enloqueciendo, se tornó inmanejable para mi.
Había que darle un corte, y siempre supe que sería yo quién finalmente tomaría la decisión. Juan jamás lo haría, pero sin embargo, tampoco haría mucho para hacerme cambiar de opinión, eso lo tenía bien en claro.
Cortar por lo sano, retomar mi vida, mi historia familiar, escuchar mis necesidades, aquello que dejé pendiente, olvidado, que relegué por el simple hecho de no dejar de vivir ni un solo momento con Juan.
Ser madre nuevamente, una necesidad que creí ya había desaparecido en mi para siempre. Una inexplicable sensación que me está rescatando de este abismo. Una decisión tomada que convirtió el encuentro del 9 de mayo en el último de nuestras vidas, o quizás en el último en mucho, mucho tiempo... aún a pesar de que Juan insista y sostenga que, una vez confirmado mi embarazo, deberíamos seguir viéndonos, ya que para él nada va a cambiar. Y la idea de imaginarme embarazada "lo calienta bastante". Juan... siempre Juan... nunca deja de sorprenderme.
No Juan, definitivamente no.... ya no quiero más esto... sos lo mejor que me pasó en la vida. Nadie, nunca nadie me cogió como vos, sos perfectamente mi otra mitad, sexualmente hablando. Pero resulta que además de la buena revolcada me sigue gustando que me abracen cuando todo pasa, y que se interesen por lo que siento, un poco, no mucho, algo, al menos... y vos, mi amor, eso no me lo diste nunca, y yo jamás te lo reclamaría. Asi son las cosas, ahora lo entiendo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario