Tengo ganas de verte, vamos a vernos, necesito verte, quiero verte. Siempre son palabras de Juan, esta vez también son mías. Y el encuentro llegará esta semana, pero es simplemente un encuentro para juntos planear "el otro encuentro". A ver si se entiende, vernos, cara a cara, sentirnos y tocarnos, dejar de imaginarnos y escucharnos, necesito ver cómo sigue todo esto, si realmente es tan fácil, tan simple como él lo plantea.
Hace diez años que no me emociona tanto encontrarme con alguien, quiero estar hermosa, perfecta, que nada quede librado al azar, que todo sea prolijamente cuidado. Como una quinceañera en su primer cita pienso que voy a ponerme, cual perfume usaré, que va a ser lo primero que le diga, hasta donde vamos a llegar...
Interiormente sé que lo mejor que podría pasar es que él suspenda nuestra cita a último momento, así terminaríamos con todo esto, antes de que empiece. Pero saber que voy a verlo le puso vida a mis días de mujer. Los otros, mis días como madre, siguen tan bien y plenos como siempre, nunca cambiarán, tengo a mi solcito que ilumina cada minuto, cada instante. Mis días como esposa sin embargo,marchan, raudos, silenciosos, cúanto más efímeros mejor. Es por eso que encontrarle una motivación a la semana que vaya más alla de hacer alguna manualidad para el jardin, o de dejar todo en orden en la oficina, me resulta sencillamente fascinante.
Estoy empezando a transitar un camino que tal vez no tenga retorno, lo se, pero cuánto hacía que no me sentía tan feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario